Skip to content

A propósito de quema de brujas, enanos, orcos y demás bestias. –Aprobación de la Ley de competencia en Guatemala.

25 noviembre, 2016

Mandato, mantra, amuleto, esperanza, bastón, pensamiento, aguante, fe, resistencia, son algunas ideas que surgen al procesar esa sentencia de vida y de muerte a la vez. Depende de las circunstancias personales, la concepción que tendrá esa frase, amarás a Dios sobre todas las cosas. ¿Qué piensa una persona cuando abandona su casa, su familia? Al emprender el viaje indocumentado hacia Estados Unidos para probar suerte y mejorar su situación económica y la de su familia. ¿En qué piensan estas personas cuando se enfrentan a violaciones, golpizas, hambre, sol, sed, tristeza, soledad? Para los centroamericanos, todo sucede durante el trayecto que va desde cada país centroamericano hasta las fronteras entre Guatemala y México, tanto por Huehuetenango como en el norte de Petén.

Estas son algunos de los relatos del periodista Alejandro Hernández en su libro que lleva ese mismo título, donde lo único con que cuentan los migrantes es con su amuleto, con esa fe que les hace sentirse a salvo… relatos que no dejan indiferente a nadie que los lea y que seguro le sacarían al menos una lágrima al mismísimo Putin.

Si miramos más hacia el sur del mapa, lo mismo les sucede a los migrantes africanos y asiáticos en su camino hacia Estados Unidos, quienes se aventuran en la selva del Darien ubicada en el sur de Panamá. Es una de las rutas migratorias mas peligrosas del mundo, que surge desde el punto de colisión entre Centro y Sudamérica. Migrantes de otros continentes vienen desde puntos cercanos o tan lejanos, cuyos nombres solo hemos visto en alguna noticia o película, Cuba, Haiti, Pakistan, Bangladesh y Costa de Marfil, se dirigen desde Colombia hacia Estados Unidos. Estas personas antes tuvieron que sobrevivir redes de tráfico de personas en Asia o Europa del este, escondidos y hacinados en barcos cargueros, pasando hambre, miseria, enfermedad y la hediondez de la muerte anónima merodeándolos constantemente como hiena.

Son dramas horribles de los que poco se sabe, sino es por algún periodista Mexicano que investiga a fondo el fenómeno migratorio y publica una novela, o por una periodista disidente Cubana que se atrevió a contar su historia y de cómo vivió en propia carne tan terrible viaje. Se sabe poco de todo ello porque no interesa, porque algunos esconden los hechos debajo de la alfombra, porque genera incomodidad, o simplemente porque no hemos tenido algún amigo o familiar al que le haya tocado.

De cualquier forma, el dramatismo no es intencional, puesto que estas cosas pasan de verdad ¿Por qué? Porque las personas se quedan sin oportunidades en su país y no tienen con qué comer, los alimentos quedan fuera de su alcance, entonces parte del problema se queda localmente y otra parte se va para otro lado y todo mundo sale perdiendo. La falta de competencia en los sectores agroindustriales, aranceles, barreras privadas y protecciones sanitarias, por mencionar algunos obstáculos a la competencia, incrementan los precios de los productos alimenticios básicos, generando escases relativa de los mismos, afectando negativamente a todos los consumidores.

El Informe sobre las Barreras a la Competencia en los Mercados del Sector Alimenticio en El Salvador, Guatemala y Honduras, elaborado por la Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID) en 2015, discute el impacto generado por las barreras a la competencia en la seguridad alimentaria, en el bienestar de los consumidores y en el crecimiento económico, así como algunas medidas que pudieran implementarse para mejorar dicho indicador. Las recomendaciones para mejorar las perspectivas económicas de dichos países, se orientan hacia el fortalecimiento institucional de las autoridades de competencia, para mejorar el abordaje de los problemas derivados de tales barreras a la competencia. La política de competencia y una adecuada coordinación con otras políticas –fiscal, agrícola, comercio interior y exterior, etc.-, pasaría a ser una de las soluciones a tamaño problema.

A tan solo días de la aprobación de la Ley de Competencia se ha generado muy poco debate serio, enfocándose en que si la regla per se; que si la regla de la razón; que la casería de brujas; que si se descalabra la economía; que si los europeos nos van a dar garrote; que no hay gente calificada para formar la autoridad; que es como darle una motosierra a un niño; y cuanta cosa se les ocurre a quienes prefieren evitar hablar de los verdaderos problemas y esconderlos lo más calladito posible. En fin, pura cantaleta.

No es que no sea importante discutir si existen brujas en peligro de arder, pero creo que no es ni de cerca lo más importante. Es que no hay hospitales decentes, los policías tienen miedo de que los sigan asaltando, la calidad educativa en general está por los suelos, la gente se va porque ya no quiere pasar más hambre o ser objeto de violencia, seguimos teniendo diputados mañosos, jueces ignorantes, magistrados pasando el tiempo en las cortes como sanguijuelas, empresarios corruptos, necios y miopes y todo tipo de bestias malvivientes.

La política de competencia es uno solo de los ingredientes necesarios para la buena medicina, que debe impregnar al resto de políticas, y quizá así empezaríamos paulatinamente a visualizar cambios positivos en distintos ámbitos de la vida económica del país. Por parte de la COFECE, vinieron ya a hablarnos de la importancia de la política de competencia para reducir la corrupción en los procesos de licitación pública, para sectores importantes como medicinas, combustibles y servicios en general, lo que generaría transparencia y eficiencia en el gasto público. Me pregunto cuándo vamos a entender que no es una discusión de derecha ni de izquierda, socialismo, comunismo o la mano invisible de Adam Smith versus la pezuña de Nicolás Maduro o Pablo Iglesias.

Nos quejamos que el Gobierno no tiene pisto o pasta para cubrir sus necesidades, pero desechamos oportunidades de generar eficiencia y ahorro, o bien, a algunos no les conviene porque verían peligrar las ganancias de sus negocios y acuerdos. Mientras tanto, mejor quedémonos como estamos porque pobrecitos, no estamos listos para semejante barbaridad –cuidado, eso es lo que ellos dicen y quieren que creamos, pero no necesariamente es la verdad-. Lo cierto es que el Gobierno también es un desastre, con rarísimas excepciones que luchan contra corriente, pero con casos de altos funcionarios que dan pena ajena, que se preocupan más por verse bien en Facebook y hacer campaña política para asegurarse algún puesto para el siguiente período.

Ya lo dijo don Dionisio, las leyes de competencia no son el fin del mundo y es posible llegar a ser exitosos compitiendo en otros países con leyes de competencia. ¿Qué estamos esperando? Más que abordar algún aspecto técnico de la ley de competencia, que para eso ya es tarde, aprovecho este espacio que me garantiza la libertad de emisión del pensamiento, para ejercer el derecho de emitir mis propias sandeces, en espera de que algún otro inconforme las lea y le deje al menos un fruncir de ceño en su rostro. Aprenderá Guatemala las lecciones de otros países latinoamericanos, o nos enfrentamos a un nuevo monstruo jurídico? Se espera aprobación de la Ley de Competencia por el pleno del Congreso para mediados de la semana próxima, ya veremos con cuantas patas y parches resulta el engendro.

 

Luis Pablo Cóbar Benard

Instituto de Derecho de la Competencia

Anuncios
No comments yet

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: