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Rumbo de la Política de Competencia Centroamericana

1 abril, 2014

Centroamerica

Centroamérica tiene 44 millones de habitantes, 499.794 km2 y un PIB de US$183 millardos (2012).

El istmo es un puente. Une Sudamérica con Norteamérica, la costa pacifica de las Américas con la atlántica, y a Europa con Asia y Oceanía. Centroamérica es pequeña, pero estratégica.

En el pasado fue una región convulsa; con regímenes dictatoriales y economías intervenidas y proteccionistas. Pero en la década de los 90 hubo cambios importantes. Se impulsó la democracia y la liberalización del mercado. Se redujeron aranceles, se privatizaron empresas estatales, se eliminaron ciertas protecciones sectoriales y se crearon leyes y autoridades de competencia.

Costa Rica aprobó la primera ley de competencia en 1994. Dos años después la seguiría Panamá.

En 2004 Centroamérica suscribió el TLC con los Estados Unidos de América; esto aceleró el interés por la defensa de la competencia. En 2006 entró en vigencia la ley de competencia en El Salvador, luego en Honduras, y en 2009 comenzó a operar la autoridad de competencia nicaragüense.

Guatemala se mantendría como el único país en Latinoamérica sin una ley de competencia. Pero en 2013 hubo otro evento que cambiaría el panorama en Guatemala y la región: se suscribió el Acuerdo de Asociación con la Unión Europea.

Con el acuerdo Guatemala se comprometió a aprobar la ley de competencia antes de 2016; y Centroamérica, por su parte, se comprometió a integrar sus políticas de competencia. En 2020 habrá un tratado centroamericano de competencia y una autoridad regional de competencia.

En el istmo centroamericano hay seis países, pero no seis mercados. Se trata de un solo mercado centroamericano. De manera que la integración de las políticas de competencia era un paso necesario.

Las reglas del juego cambiarán en Centroamérica. Es inminente.

Si hoy existen acuerdos entre competidores para repartirse las operaciones comerciales en los países, estos serán ilícitos y perseguibles en un futuro. Si existieran fusiones y adquisiciones de alcance regional, probablemente en el futuro los involucrados tendrán que obtener la autorización previa de la autoridad centroamericana de competencia.

Los nuevos inversionistas deben conocer los cambios que se avecinan. Y las empresas incumbentes deben prepararse ante la nueva realidad, a fin de mitigar riesgos que puedan enfrentar, y aprovechar las oportunidades que se presenten.

También las agencias de competencia domésticas deberán adaptarse al nuevo esquema. Además de mantener su vigilancia en los mercados nacionales, tendrán que operar como brazos ejecutores y colaboradores de las decisiones que adopte la autoridad supranacional.

La Comisión Europea de Competencia ha exportado su modelo a Centroamérica. Dependerá de los centroamericanos que la agencia supranacional no se transforme en el medio de vida de burócratas y políticos; o que con sus decisiones, en lugar de potenciar la competencia, provoque mas obstáculos al comercio y a la inversión. Es responsabilidad de los centroamericanos que el nuevo esquema profundice la integración regional y la liberalización del mercado.

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