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La fiesta continúa y nosotros pagamos el banquete y los meseros. –Ley de Competencia en Guatemala-.

1 diciembre, 2016

Llegó el esperado 30 de noviembre, en medio de especulación, afirmación, molestia y expectativa, confirmándose un día después que Guatemala ha incumplido con el Acuerdo de Asociación. Al Congreso de la República no le alcanzó el tiempo para aprobar la Ley de Competencia, dejando ese tema para la agenda legislativa del próximo año, ya que otros temas captaron totalmente su atención, reformas constitucionales y aprobación del presupuesto general de la nación. Y no le alcanzó el tiempo, no porque haya tenido jornadas inacabables de intenso trabajo y debate intelectual, sino porque es un organismo lento, perezoso, dormilón, panzón, fodongo y desordenado.

El punto no es la Ley de Competencia en sí, sino lo que revela acerca de nuestra esencia como país, acostumbrados al incumplimiento, a quedar mal, a la autocomplacencia, a la lástima hacia nosotros mismos, a las excusas, en fin, a la miseria en todo su alcance. Los incumplimientos tienen un costo alto, esa cultura de mediocridad tiene efectos económicos, y quién paga por ellos? Despertemos! Santa Claus no existe, ni el hada de los dientes, tampoco los reyes magos.

Hoy primero de diciembre, destaco tres noticias de uno de los principales medios de comunicación escritos; mala calidad en educación del diversificado, aumento de costo y tiempo en obras de infraestructura pública; y déficit / financiamiento con deuda del nuevo presupuesto. El Sexto Informe de Transparencia del Sector Construcción, evaluó 20 proyectos de tres dependencias del Estado –Dirección General de Caminos, 13 municipalidades e Instituto Nacional de Ciencias Forenses-, encontrando considerables incrementos en plazos de ejecución y costos, que en total suman Q.6.1 millardos. El informe advierte cambios drásticos en el presupuesto de las obras, con mucho consumo y poco avance físico, debido a graves problemas de planificación y corrupción. Esto, es solo un poquito de lo que está escondido debajo de la alfombra.

Si tomáramos conciencia que todos esos retrasos, costos, intereses, berrinches, desaciertos y derroches los pagamos directamente con nuestra vida, no estaríamos tan dispuestos a permitirlo. Me explico, para generar los ingresos necesarios para adquirir bienes, servicios y pagar impuestos, debemos ejercer una actividad económica, en la que dedicamos cantidades considerables de tiempo de nuestra vida, donde el dinero es solo un medio de pago, la verdadera moneda es nuestra existencia en sí. De esa manera, conviene pensar dos veces antes de comprar cualquier cosa solo por impulso, ya que lo pagamos literalmente con nuestra propia vida. Para comprar una casa, un auto, -a menos que pueda adquirirlo al contado-, me implicará algunos o varios años de mi vida productiva, así, debo ser muy sabio para decidir en qué invierto mi recurso más valioso.

Ahora resulta que debo financiar déficits presupuestarios, desaciertos y demás tonterías, solo porque burócratas inútiles e ineptos no hacen su trabajo, por desconocimiento, conveniencia o sencillamente porque no les viene en gana. Es algo muy duro, pero conviene reflexionar en ello un momento. Los sectores que lideraron la oposición a la Ley de Competencia solo por conservar su estatus quo, y que ahora se regocijan por el incumplimiento del Acuerdo de Asociación, ignoran los efectos futuros que su oposición egoísta traerá no solo al país, sino a ellos mismos… que falta de visión tan grande.

Si tan solo pudiéramos cuantificar y tomar conciencia del costo que todo esto implica a los que verdaderamente lo pagamos, créanme, no estaríamos de brazos cruzados. En Corea del Norte fusilan a un funcionario público por cosas como quedarse dormido en un acto público, nosotros somos bastante más tolerantes.

¿Dónde está el Ministro de Economía? Desde mayo hasta hoy no se ha pronunciado públicamente sobre la Ley de Competencia. Existen muchas dudas aun girando alrededor de todo esto que no han sido respondidas, exijo saber cómo se han utilizado nuestros recursos para cumplir o incumplir con su trabajo.

Me resulta un tanto difícil terminar de escribir estas líneas sin un sentimiento de frustración y vacío.

Luis Pablo Cóbar Benard

Instituto de Derecho de la Competencia

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